Chula Vista es un concepto de dark kitchen de burritos mexicanos para el que se desarrolló la marca desde cero, incluyendo el naming, con el objetivo de posicionarla como un referente de la comida tex-mex en Barcelona. El reto iba un paso más allá: crear una experiencia que funcionara en casa, sin el contexto del local ni ningún embajador de la marca más allá del propio producto que llega por delivery. Cada detalle debía hablar por sí mismo y transmitir identidad, sabor y personalidad desde el momento en que se abre la caja.
Historias fronterizas
La comida mexicana suele asociarse a un imaginario cargado de colores, iconografía y clichés, pero en el proyecto de Chula Vista se optó por otra vía: explorar el territorio fronterizo entre México y California, un contexto menos explotado pero igual de evocador del origen de los sabores. La marca se construyó con esa filosofía: auténtica, directa y sin concesiones a las modas, con carne asada como siempre se ha hecho, pensada para disfrutar en casa contando historias y no calorías. Para transmitir esa actitud y autenticidad, la identidad visual se inspiró en el lenguaje gráfico de los tatuajes, con fuerza, carácter y personalidad propia.



