Nuestra relación con Oller del Mas empezó con el rediseño de su web. Un proyecto complejo por la riqueza de todo lo que debía contar: vinos, historia familiar, territorio, gastronomía, alojamiento y experiencias. Había que ordenar ese universo, facilitar su recorrido y conseguir que cada propuesta encontrara su lugar dentro de una misma marca.
Para hacerlo, tuvimos que conocerla a fondo. Entender qué la mueve, cómo se relaciona con su entorno y qué hace especiales a sus vinos. Ese trabajo nos permitió construir una web con sentido y, además, nos dio algo que resultaría fundamental para el siguiente proyecto: una mirada compartida sobre la esencia de Oller del Mas.
Cuando llegó el encargo de diseñar los packs para sus vinos más valiosos, partíamos de ese conocimiento. El reto era llevarlo a un objeto: un packaging capaz de expresar el cuidado y el carácter de lo que contiene, desde la primera mirada hasta el momento de abrirlo.
Blanco impoluto, verde profundo y una composición contenida que da espacio a la marca. Un diseño donde las proporciones, los encuentros entre tapa y base y los detalles interiores construyen una presentación a la altura del vino.
Dos proyectos en soportes distintos, unidos por la misma forma de trabajar: entender bien para diseñar con intención. El resultado es muy Oller del Mas. Y, como no podía ser de otra manera, muy Flott.