Raisu toma su nombre de la pronunciación japonesa de “arroz”: sencillo, fácil de recordar y con un guiño al origen asiático. La identidad se construyó con ilustraciones dinámicas y llamativas, un azul eléctrico que aporta energía, tipografía con volumen y un tono divertido que atraviesa todo el lenguaje visual.
El branding escénico recorre el espacio con grafismos inspirados en el imaginario japonés de cómics y animación. Personajes antropomorfos, guerreros imaginarios, monstruos y luchadores de sumo conviven con dibujos de platos e ingredientes, todos cargados de humor y personalidad, generando un universo propio donde la marca se siente reconocible y única desde el primer vistazo.